Se tenía que decir...


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Mi paso por Rock and Pop y luego Vorterix me ha llenado de vivencias.

Buenas y malas. Muchas, aún hoy, siguen allí…generando alegrías o broncas.

Un alto porcentaje de las cosas que vi y viví me las llevaré a la tumba, pero de otras tengo ganas de ir hablando cuando me pinta.

En este texto tengo ganas de referirme a un personaje que detesté mucho. La palabra personaje lo define, porque era eso: una creación de Dieguito Miller.

Hablo de Clistian Bion, quien jugaba a ser crítico de cine.

No recuerdo bien como salió a la luz. Creo que al principio fue un personaje de un programa que hacían el Gallo, Mili y Diego. Luego, no sé cómo, llegó a la mesa diaria.

Siempre lo sentí como una especie de burla a mi trabajo, pero como veía que era aceptado, e incluso, a algunos le causaba gracia, le puse la mejor onda.

Al principio fueron intervenciones fugaces y tolerables, pero de a poco se fue instalando en mis columnas y taladrando mi trabajo. Hubo días en los que me daba cuenta que no podía profundizar en lo que quería transmitir porque era interrumpido constantemente por sus boludeces.

Yo estoy convencido que Diego no lo hizo para boicotearme, también creo que nunca se preguntó si me jodía.

Mala mía el haber aceptado que me coma mis columnas sin putear como hubiese querido.

Afectó mi relación con las distribuidoras, directores, actrices y actores, ya que decía cualquier barbaridad dentro de mi espacio y quedaba como que yo avalaba esos desafortunados comentarios. Algunos pensaban que era alguien que estaba ahí para decir lo que yo no me animaba. Así de

grandes fueron los problemas que tuve.

Lo peor para mi fue cuando comencé a recibir decenas de mensajes de mis amigos, compañeros y oyentes que me decían que habían dejado de escucharme porque les resultaba insoportable “el boludo ese”, literal, que hablaba en mis columnas.

Ahí me empecé a enojar con él y conmigo por dejarlo avanzar. Intenté una queja al gran jefe para que separe el personajito y sus “chistes” de mi trabajo, pero no hubo mucho quorum.

Digamos que me lo tuve que fumar con dolor, sabiendo que me estaba cagando un poco todo lo que venía construyendo durante décadas.

Siempre pienso que no fue intencionalmente. Quiero creer.

Por suerte se fue agotando solito hasta su extinción.

Mi temprana renuncia a Vorterix no me dio tiempo para recomponer lo que se había roto, en lo referente a mi trabajo como periodista.

Recién ahora, con mi podcast Era Chino logré volver a encontrarme con la libertad de expresarme con tranquilidad y recomponer vínculos con aquellos que partieron espantados por ese intruso.

Nunca hablé mucho de esto, estaba en el fondo de la bolsa de cacas que me había morfado y ahora saco a la luz para que en ese saco haya menos porquerías enterradas.

G

Guillermo Hernández

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