Sed de Venganza


Promising Young Woman es la opera prima de Emerald Fennell. ¿Les suena ese nombre? Claro, es la actriz que hizo de Camila Parker Bowles en The Crown y también escribió varios episodios de Killing Eve.

¿Por qué reseño esta película que hace tiempo que anda dando vueltas y hasta estuvo en plataformas?

Bueno, porque se ha estrenado en nuestros cines bajo el nombre de Hermosa Venganza. Celebro que así sea, ya que es un film que merece llegar a más gente.

Carey Mulligan es Cassandra. Una mujer muy especial que ha dejado de lado una vida prometedora para refugiarse en una inesperada realidad gris. Pero no todo es como aparenta, Cassie tiene una doble vida. Algunas noches, simula estar borracha y abandonada en distintos bares, para lograr que los hombres se acerquen, con el fin de aprovecharse y abusar de ella imaginando una inconciencia etílica.

Su objetivo primordial es dejar al descubierto a potenciales violadores. Y sobre todo, confirmar que cualquier hombre podría, en determinadas situaciones, convertirse en una basura humana.

Existe un pasado que justifica o al menos nos sirve a los espectadores para entender el comportamiento de Cassandra. Hubo un hecho horrendo que sufrió una amiga de la universidad y marcó su vida para siempre.

La película aborda algunos temas propios del movimiento #MeToo, particularmente los abusos sexuales.

Pero no todo es oscuridad en Cassie, ya que casualmente se reencuentra con un ex compañero de la universidad con quien, después de varias idas y vueltas, encamina una posible relación amorosa. Lo que no puede abandonar nuestra protagonista es su camino de rencor.

Promising Young Woman es un film ambiguo. Esa dualidad se genera en la pantalla y se traslada al espectador. Algunos lo pueden ver como una obra que banaliza un tema muy serio o ajustarse a la mirada desconcertante de la venganza como algo positivo y necesaria enseñanza frente a la cultura machista.

La película funciona siempre por un límite muy fino. Es políticamente correcta y no. Va de menor a mayor. Y, en mi caso, me ha dejado una profunda amargura que me costó un par de días poder elaborar.

Guillermo Hernández

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