Susurros en tus oídos.


Uno de mis grandes hitos como entrevistador fue la nota susurrada que le hice a Halle Berry.

Acá la historia detrás del bochorno.

Primero quiero aclarar que nunca hablé inglés dignamente como para hacer una nota sin traductor.

Es algo de lo que me arrepiento profundamente, no haber estudiado inglés. Por esa falta, siempre dependí de otros para manejarme con actores de habla inglesa.

Me las arreglo. He viajado por el mundo y nunca tuve problemas para hacerme entender. Entre mi balbuceo de inglés, mi español y lo poco que hablo francés, siempre me la banqué.

Lo que no puedo es tener una charla fluida en otro idioma.

Y venía Halle Berry a presentar The Call a nuestro país.

Vorterix estaba en un buen momento. Nos consideraban muchísimo para este tipo de notas.


Así que…Guille…tenés que hacer una nota con Halle Berry.

Bueno. Allá vamos. Me encanta Halle, creo que es una gran actriz, con alto y bajos, como todo el mundo.

La película era un ni, pero la gente de la distribuidora que la traía tenía muchas fichas puestas en las notas y los números de espectadores que pudieran arrastrar.

Hicieron una larga lista de periodistas con acceso a la actriz. Por suerte no era época de influencers y sólo había colegas.


La espera fue tremenda. Larga, aburrida e incómoda. No sé quiénes eran los pelotudos, primeros en la lista, que se habían colgado hablando y los que estábamos en la mitad estábamos hartos.


Yo amagué con irme y me frenaron en la puerta del hotel. Les interesaba mucho que le hiciera la nota.

Tenía turno a las 11 de la mañana y ya eran las 14 hs. Mucho.

Igual regresé al hotel y me preparé para hacer la nota.

Los genios de la distribuidora no tuvieron la mejor idea que juntar a todos los que quedaban y hacerlos pasar a la habitación de Halle de a cinco.

El horror. Nunca, pero nunca, un periodista quiere hacer la nota frente a otro periodista o algo que se le parezca. Nunca jamás. Por mil motivos. En mi caso era el idioma, por más que tenía traductor. Como les dije, algo balbuceaba, así que podía hacer algunas preguntas básicas sin ayuda.

Halle estaba bellísima y de verdad se comportaba como una diva de Hollywood.

Nos saludamos amablemente y nos ubicamos de frente, en dos sillones, con la traductora cerca de ella.

Mientras acomodaban las cámaras y luces, levanto la vista y veo a cuatro impresentables, que no quería ni un poco, parados a pocos metros, atentos a mis preguntas y obviamente a las respuestas de ella.

¿Cómo hacer para que no me escuchen en una habitación cerrada con esa gentuza tan cerca?

Y llegó la hora del susurro.

Me inclinaba en el sillón y hacía la pregunta en un tono bajo (todos saben que tengo una voz bastante fuerte), la traductora no sé porque traducía en tono bajo y Halle contestaba en el mismo tono.

La entrevista fue genial. El problema es que no se escuchaba una mierda.

En Vorterix se cagaban de risa y un poco me putearon. Los operadores de estudio hicieron maravillas para que se escuche algo.

Y al aire, el día que salió la nota se me cagaron de risa duro y parejo.

Fue uno de los grandes momentos boludos en mi carrera como periodista.

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